Este tipo de test del que hablaremos a continuación, es con diferencia el más popular y posiblemente el más sencillo. Para empezar deberemos encontrarnos en un lugar tranquilo donde estemos libre de distracciones. Comenzaremos colocándonos de pie, en posición vertical, separando los pies a una distancia similar a la de nuestros hombros o donde alcancemos una postura cómoda. Nuestros brazos deberán estar colgando relajadamente a los costados. Un par de respiraciones profundas pudieran ser necesarias, sobre todo en las primeras ocasiones, consiguiendo con ello una mayor relajación a la vez que dejamos ir nuestras preocupaciones previas.
La cabeza deberá estar recta pero con los ojos mirando levemente hacia abajo o si uno se siente más cómodo, podría realizarlo con los ojos cerrados. Llegados a este punto es cuando empezaremos a notar cómo a nuestro cuerpo le resulta complicado permanecer completamente quieto, luchando por mantener el equilibrio a la vez que percibe suaves movimientos en diferentes direcciones.
Posteriormente diremos en voz alta y clara la afirmación o pregunta (también con pensamientos concretos) que vayamos a someter al test, siendo preferiblemente estructurado como una afirmación. Ante la afirmación positiva o verdadera, nuestro cuerpo reaccionará inclinándose hacia adelante. Si la misma es negativa, falsa o algo desagradable nuestro cuerpo se inclinará hacia atrás. Esto es así por regla general y en la mayoría de los casos, si bien podría suceder al revés o incluso con movimientos laterales. La clave radica en observar siempre la misma respuesta muscular ante una afirmación positiva como ante una de resultado negativo.
La manera de ir percibiendo el movimiento que nos dé la señal correcta pasa por hacer una serie de pruebas cuyo resultado tengas muy claro. Por ejemplo, diciendo “me llamo…” seguido de nuestro nombre verdadero, para posteriormente realizar lo mismo pero con un nombre falso (preferiblemente del sexo opuesto). La respuesta de nuestro cuerpo ante estas afirmaciones nos dará la señal que nuestro cuerpo nos ofrece ante una afirmación positiva o sí con nuestro nombre verdadero, y la señal negativa o no con el nombre falso que nos hemos inventado.
También podremos repetir mentalmente y en silencio la palabra sí y la palabra no, con idénticos resultados. O incluso trayendo a la memoria algo agradable y que nos encanta o algo que detestemos, nos produzca rechazo o nos dé asco y veríamos que el movimiento de nuestro cuerpo es exactamente el mismo que con las respuestas positivas o negativas respectivamente.
Una vez tengamos claro el movimiento que nuestro cuerpo realiza ante las dos diferentes respuestas, procederemos ahora sí con la prueba muscular de la afirmación, creencia o información que nos gustaría descubrir si la tenemos incorporada o integrada dentro de nuestra mente subconsciente. Es muy importante que durante la prueba no tratemos de forzar el balanceo hacia ninguna dirección. La clave reside en estar abiertos a la respuesta que sea y dejar que el cuerpo se incline solo3.
Con toda la información que podremos obtener de manera sencilla gracias a esta herramienta, iremos percibiendo el increíble potencial que tenemos en nuestras manos para hacer de esta la mejor arma para luchar contra nuestro propio desconocimiento interior.